Por unas Navidades de bajo consumo

Se acercan las fechas más consumistas del año y ahora, más que nunca, es un buen momento para reflexionar sobre los impulsos que nos incitan a comprar.

Sabemos que tenemos más de lo que necesitamos para vivir pero aún así, llenamos nuestras casas de objetos y regalos de todo tipo. Es normal, nos gustan las sorpresas y el hecho de comprar sonrisas y alegría es algo que ya forma parte de nuestra cultura navideña. A todos nos gusta comprar y recibir regalos, pero debemos saber que no todos son iguales (ni para nosotros ni para el medio ambiente). Podemos comprar de forma responsable, podemos regalar cosas inmateriales, e incluso podemos invertir el dinero en opciones/alternativas a favor de nuestro planeta. Sólo es cuestión de pensarlo un poco.

Lo primero que podemos hacer antes de comprar cualquier cosa es reflexionar sobre qué necesitamos. Muchas veces compramos influidos por la publicidad, las modas o las tendencias sociales. Es muy difícil consumir libremente pero, por lo menos, debemos ser conscientes de ello. Preguntarnos sobre la utilidad o la durabilidad de lo que queremos comprar nos pueden dar algunas pistas.

Muchas veces asociamos también el concepto de regalo con un objeto material, y dicha asociación además de poco original, tiene muchas limitaciones físicas y económicas. Vivimos en un planeta con recursos limitados, y nuestro modelo occidental conlleva que consumimos más recursos de los que extraemos en nuestros países (por tanto, aumentamos la desigualdad y el empobrecimiento explotando los recursos de otras regiones del planeta). Por este motivo, es más necesario que nunca, optar por un mundo de bajo consumo.

Si finalmente optamos por la compra de objetos materiales, todavía podemos profundizar un poco más. Consumir de forma consciente implica tener en cuenta las repercusiones que tiene nuestra compra, para las personas y el medio ambiente. No es lo mismo comprar productos con criterios de responsabilidad social y ambiental (escogiendo, por ejemplo, sellos de comercio justo, ecológicos, sellos de uso responsable de bosques, de eficiencia energética para electrodomésticos…) que comprar objetos de baja durabilidad (de un solo uso, con obsolescencia programada) o que implican elevados consumos de energía o materiales.

En estos tiempos de austeridad económica, es más necesario que nunca aprovechar el dinero e invertirlo en la construcción de alternativas. Un ejemplo práctico lo podemos ver con el uso de energía en el hogar. Instalar una placa solar térmica para el agua caliente es una inversión que nos permitirá disponer de agua caliente durante muchos años y de forma gratuita para nosotros y para nuestro clima. Si además queremos que nuestro hogar se alimente en un 100% de energía renovable y de proximidad, podemos cambiar de compañía eléctrica y optar por las cooperativas energéticas, como están haciendo ya miles de socios de Som energia.

En definitiva, tenemos muchas opciones y debemos aprovechar estas fechas para desear también una Feliz Navidad a nuestra madre Tierra.